Ganadería
La mejora genética atraviesa una etapa de transformación profunda, impulsada por tecnologías que ya no están restringidas a un grupo reducido de cabañas de elite. El Licenciado en Gestión Agropecuaria, Juan Andrés Borrazas, integrante de Invitro Uruguay, plantea que la transferencia embrionaria se ha convertido en una herramienta estratégica para capturar íntegramente el valor genético de las mejores vacas del rodeo y acelerar los procesos de mejora en sistemas comerciales.
Desde su experiencia, Borrazas enfatizó que el gran diferencial de esta tecnología radica en la posibilidad de multiplicar, de forma rápida y eficiente, aquellas vacas que el productor ya ha probado en su sistema. “Hoy vemos que muchos productores quieren replicar o respaldar vacas que son funcionales, longevas, fértiles, que todos los años han dado un buen ternero”, señaló, remarcando que la genética no debe pensarse únicamente desde el punto de vista de la pista o la estética, sino desde el desempeño real en el campo.De la genética de elite a la vaca funcional“A veces el productor piensa que la transferencia de embriones lo hacen las cabañas que van al Prado, y hoy vemos que eso no es tan así”, afirmó. En su visión, la técnica se ha democratizado y se adapta perfectamente a rodeos comerciales que buscan consolidar características productivas concretas.El especialista explicó que existen numerosos casos de productores que respaldan vacas puras controladas o incluso animales sin pedigrí formal, pero con un historial productivo destacado. Vacas que han demostrado longevidad, fertilidad y consistencia, pariendo un buen ternero año tras año, se convierten en donantes ideales para programas embrionarios. “Replicar eso a través de la transferencia embrionaria es potenciar rápidamente el desarrollo genético de cualquier productor”, subrayó.En ese sentido, Borrazas destacó que la mejora genética no pasa únicamente por grandes inversiones, sino por decisiones estratégicas bien fundamentadas. Respaldar una vaca funcional es, además, una forma de proteger la inversión. “Todas esas vacas importantes que se pagan caro, si no se respaldan con un banco de embriones y te la mata un rayo, perdiste la inversión en un rato”, adviertió, explicando que el respaldo embrionario es hoy una práctica habitual en animales de alto valor.Cómo y cuándo aspirarDesde el punto de vista técnico, Borrazas aclaró que la ventana reproductiva para la obtención de embriones es amplia. “La vaca o la ternera, al inicio de la pubertad, ya se pueden aspirar, y hasta toda su vida útil reproductiva”, explicó. Sin embargo, reconoce que la edad influye en los resultados: animales muy viejos tienden a producir menos embriones por aspiración.En razas británicas como el Aberdeen Angus o Hereford, el promedio se sitúa entre tres y cuatro embriones por vaca y por aspiración, con la posibilidad de repetir el procedimiento cada 20 días, incluso hasta los cuatro meses de preñez. Estos datos permiten diseñar programas de respaldo genético sostenidos en el tiempo, ajustados a los objetivos de cada productor.La clave, insistió, está en entender que no todas las donantes deben ser campeonas. “Hay vacas en los campos de algunas cabañas que quizás no fueron a pista, pero han desarrollado una genealogía importante”, señaló. En esos casos, el productor puede generar un “pool genético” que incorpore hijas e hijos al rodeo, mejorando atributos funcionales y productivos sin depender exclusivamente de la reposición externa.La hembra en la presión de selecciónPara Borrazas, uno de los cambios conceptuales más relevantes en la ganadería moderna es el énfasis creciente en la selección de las hembras. “Para hacer buenos toros hay que hacer buenas madres”, afirmó.En un esquema tradicional de inseminación artificial, el productor aporta aproximadamente el 50% de la mejora genética, ya que la otra mitad depende de la vaca base del rodeo. En cambio, cuando se trabaja con transferencia de embriones a partir de una vaca superior, “uno incorpora la mejora genética al 100%, combinando una vaca superior con un toro superior”. Esa diferencia explica por qué la técnica permite acelerar los procesos de mejoramiento en menos tiempo y con mayor previsibilidad.Borrazas detalló que, para sostener tasas de preñez confiables, es necesario contar con un volumen adecuado de embriones. En su experiencia, los programas bien manejados garantizan alrededor de 40% de preñez, incluso algo más en determinadas condiciones, siempre que exista un manejo correcto de las receptoras.La receptora, un factor decisivoOtro aspecto considerado crítico por el profesional es la selección de las vacas receptoras. “La receptora pesa mucho”, afirmó y explicó que no se trata simplemente de disponer de un rodeo cualquiera, sino de trabajar con animales que presenten un buen estado sanitario, nutricional y reproductivo.El técnico explicó que las receptoras ideales son vacas multíparas, que ya han parido y demostrado su capacidad reproductiva. Deben llegar al momento de la transferencia sin cría al pie, ganando peso y bien adaptadas al sistema. En esquemas clásicos de primavera, la implantación suele concentrarse entre la segunda quincena de octubre y la primera de noviembre, aunque la técnica puede aplicarse durante todo el año.Borrazas desaconsejó el uso de vaquillonas de primer parto como receptoras, debido a posibles riesgos de distocia, ya que el embrión transferido tiene ocho días de desarrollo in vitro, lo que puede incidir levemente en el peso al nacer. “Por lo general no pasa nada, pero siempre recomendamos vacas ya hechas y paridoras”, aclaró.Además, señaló que aquellas vacas que aceptan un embrión y mantienen la preñez suelen ser excelentes candidatas para futuros programas. “Conviene tenerlas en el rodeo de receptoras, porque es muy probable que siempre acepten la incorporación de un embrión”.
2026-01-02T07:00:00