Ganadería
El profesional veterinario del ejercicio liberal, y productor, que se encuentra en el departamento de Artigas, una de los lugares con alta presencia de garrapatas multiresistentes, entiende que en esa zona endémica es “muy difícil” lograr erradicar el parásito, debido a la menor eficacia que presentan cinco familias de principios activos, y donde solamente la nueva molecula en plaza brinda ciertas garantías, pero que no es infalible. Además, advierte que se realizaron cambios en el ambiente que favorecieron la proliferación del parásito, como la caída del rubro ovino, y cuestionó la transparencia de la información sobre la detección de residuos en la industria frigorífica.
La problemática de la garrapata ha dejado de ser un problema estacional, a convertirse en una preocupación constante en todas las charlas entre productores y profesionales veterinarios, en cualquier parte del país, pero en el norte es moneda corriente, principalmente frente a productores desesperados porque se les están muriendo sus animales, o ante la imposibilidad de mover ganados antes de la llegada del invierno.El Dr. Pablo Parodi, de INIA, en una entrevista realizada hace pocas semanas atrás, dio a conocer que existe un “mar rojo” de multiresistencia del parásito a los productos garrapaticidas, principalmente en el norte del país, donde el departamento de Artigas es uno de los que presentan la mayor incidencia de esta problemática. En este sentido, el Dr. Álvaro de Oliveira Madeira, médico veterinario del ejercicio liberal, dijo que “posterior a la seca”, el sector productivo se enfrentó a una situación compleja “porque todos pensábamos que la seca podía haber aliviado la situación de la garrapata y fue al contrario”.De Oliveira Madeira mencionó que “llamaba mucho la atención la carga parasitaria que existía, cómo se morían animales y muy agresivamente, donde la gente entraba camperear un lugar, al otro día no iba y cuando volvían al tercer día ya encontraban animales caídos”. La situación ha incrementado los costos directos por tratamientos y enfermedades asociadas, como la tristeza, que ha determinado pérdidas de animales importantes, de las cuales no hay un censo o una cuenta clara por parte de las autoridades.OVINOS: En su análisis de la situación, el Dr. Álvaro de Oliveira Madeira, reconoció que lo normal es que “se atribuye el problema, al mal manejo de los principios activos”, sin embargo, desde su punto de vista no se tiene en cuenta el cambio que han tenido el entorno del vacuno y el parásito en los últimos años. A modo de ejemplo, destacó la disminución del ovino en los predios y su incidencia en el control del parásito. En este sentido, la caída del rubro ovino en la última década tiene como fundamentos, la caída en los valores de la lana, la incertidumbre en el negocio de la carne ovina, la menor disponibilidad de mano de obra y las jaurías de perros que hasta el momento no han tenido solución, a pesar de tener un instituto para solucionar esta problemática.Para el veterinario, la ausencia del ovino quiebra un equilibrio biológico en los campos del norte, que ha dado lugar a un ambiente más propicio para la supervivencia del parásito en los campos, donde radica el 95% del problema. “El lanar para mí ejercía un efecto de aspiradora en los campos muy importante, ¿cuantas larvas se comían esas ovejas al ir pastoreando? No sé, no tengo una respuesta clara, pero para mí ejercían un efecto de aspiradora. Creo que hoy el lanar en muchas situaciones nos estaría ayudando a mantener el equilibrio en los campos”, explicó. El profesional señaló que, si bien se han visto lanares parasitados con garrapata, “en lugares donde hay mucha cantidad, hemos visto carneros con el escroto con presencia de garrapatas”, su preocupación por la ausencia del ovino en los predios se debe a la falta del pastoreo del ovino, que también ha provocado que muchos campos se “ensucien” o “se llenen de chircas”, generando un refugio ideal para el parásito.En zonas como Catalán, donde el veterinario asesora un predio en Artigas, la proliferación de montes y chircas ofrece al parásito una protección contra el sol y las heladas, elementos que naturalmente deberían diezmar la población de larvas en el campo. “¿Cuánto queda refugiado bajo los montes, bajo las chircas? Es una población que es imposible de cuantificar” indicó y remarcó que “el disminuido nivel del stock lanar puede estar ejerciendo un efecto de descontrol en el ambiente”.¿ERRADICAR?: Para el Dr. Álvaro de Oliveira Madeira, en las condiciones actuales del norte, “pensar en la erradicación en algunos lugares es muy difícil por las pocas herramientas que ya disponemos. El artículo del Dr. Parodi de INIA menciona cinco familias de principios activos que ya no están funcionando, entonces creo que mantener un equilibrio con esa población de garrapatas parecería ser el objetivo para esta zona del país”.El profesional reconoció que el mensaje del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), ha dado un giro en los últimos años, dejando de hablar de zonas libres a enfocarse en la situación particular de cada predio. Que en el norte, indicó, es “muy heterogénea”, porque existen predios que están libres del parásito, o lo tienen controlado, y establecimientos donde la situación se ha desbordado completamente.En este sentido, el requisito de garantizar “garrapata cero” para liberar los despachos de tropa para movilizar ganados, pone al médico veterinario en una posición de vulnerabilidad técnica y legal, muy importante. De Oliveira Madeira remarcó que “un control tiene que existir, no podemos dejar al libre albedrío porque se nos va a ir de las manos”, pero explicó que “el médico veterinario que va a revisar una tropa y cae como un paracaídas en ese establecimiento, es decir que no conoce los antecedentes, tiene que revisar uno por uno de los animales, de ambos lados, eso en una tropa grande te imaginas el tiempo que te puede llevar, todo el día prácticamente. Tú llegas al predio, generalmente vas revisando animales, pero vos no estás saltando el tubo de un lado a otro para inspeccionar el lado izquierdo del animal, después pasar al lado derecho, después a la parte posterior, parte anterior y por más que lo hagas, igualmente se te puede escapar, podés no ver la garrapata o la cáscara”, relató.Esta subjetividad inherente a una revisión clínica a campo, en corrales donde en algunos casos hay mucho barro, o los tubos no están en las condiciones optimas de trabajo, generan cierto grado de acierto u error, que está generando temor entre los profesionales veterinarios, de ser sancionados por detecciones en destino que no siempre obedecen a una falta de responsabilidad, sino a la propia naturaleza del parásito y su ciclo biológico, “es biología. Esto no es una cuenta que da un número exacto”, indicó.RESIDUOS: El Dr. Álvaro de Oliveira Madeira expresó su preocupación por la falta de claridad en los protocolos de detección y la posible acumulación de sustancias en el tejido animal, incluso respetando los tiempos de espera legales que pueden llegar a los 130 días en algunos casos. “Qué garantías tengo yo, que respeté el tiempo de espera y que salió un resultado no conforme porque venía aplicando al producto. ¿Qué pasa si ha habido una acumulación en un tejido adiposo y a mí me aparece altos niveles?”.Al respecto, dijo como ejemplo, que se han visto situaciones en lanares que se esperaron 108 días -cuando el tiempo de espera era de 42- y seguía apareciendo el principio activo. “¿Cómo me explican eso?”, cuestionó.El profesional indicó que, a uno de sus colegas en el norte del país, le sucedió con un embarque de ganados a lo que se le aplicó un producto garrapaticida y en la industria se detectó la presencia de otro principio activo. En este caso se refirió al Fipronil Sulfona, que se encuentra en los curabicheras disponibles en plaza, el cual se aplicó a unos animales a lo cuales es detectaron heridas menores.
2026-05-10T07:00:00