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El ciclo de precios de la lana tiene base sólida
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  • El ciclo de precios de la lana tiene base sólida

  • Con el Indicador de Mercados del Este (IME) sobre los 12 dólares por kilogramo base limpia, su nivel más importante de los últimos seis años, con el stock ovino en sus menores niveles en los principales países productores y una oferta mundial de lana que no logra recomponerse, cuatro referentes de la cadena lanera internacional coincidieron en Salto, que el actual ciclo de precios altos tiene bases sólidas y puede sostenerse en los próximos años.

    La presencia del australiano Aaron Shaw (Techwool Trading), la consultora china Lin Lin Guo, el gerente de la hilandería italiana Tollegno 1900, Giovanni Germanetti, y la ejecutiva noruega de indumentaria deportiva Cathrine Stange, se concretó en el marco de los 75 años de la firma Engraw, el jueves 1 de octubre en Ayelén Venue en Salto.La jornada reunió a más de 300 productores, exportadores y técnicos del sector, quiénes acompañaron atentamente un conversatorio donde los cuatro referentes internacionales de los eslabones más importantes de la cadena lanera internacional dieron su visión del mercado actual con un enfoque en la oferta australiana, el procesamiento chino de la fibra, la hilandería italiana y también desde la venta minorista de prendas para deportes en base a lana.AUSTRALIA. Aaron Shaw, uno de los principales compradores de Techwool Trading, empresa que adquiere entre el 25% y el 30% de toda la zafra australiana, explicó que la “producción australiana cayó 18 millones de kilos en cinco años”, y atribuyó la caída no solo al clima sino, sobre todo, a la mayor rentabilidad de otras actividades agropecuarias. “La verdadera razón, además del precio, es la mayor rentabilidad de otras actividades agrícolas, como los cultivos. Obtienen mejor margen por hectárea sembrando, pasándose al ganado vacuno o enfocándose más en carne ovina”, explicó. Recordó que hace tres décadas el 70% del ingreso de un productor ovino australiano provenía de la lana; hoy esa proporción cayó a apenas 20%, con la carne como principal motor del negocio.Ese cambio estructural, dijo, “genera un cambio estructural” en la propia conformación del stock de los establecimientos agropecuarios, los cuales primero se desprenden de los capones y se vuelcan a la cría de corderos para carne, lo que reduce aún más el volumen de fibra disponible. Sobre las chances de que la oferta se recupere rápido, Shaw dijo que “cuando un campo pasa de ovejas a agricultura, volver a la oveja es carísimo. Si tiraste los alambrados, no los volvés a levantar; la gran mayoría de esos productores no volverá a la lana”. A su juicio, se necesitan “al menos tres años sólidos en este nivel de precios para animarse a reinvertir”, porque con el precio de la carne, reponer ovejas de cría solo para producir lana resulta caro en Australia. Incluso en un año climatico favorable, la producción apenas subiría “un 10% o 15% como máximo”, por lo que “si caíste un 20% y recuperás un 10%, seguís abajo. No vemos una recuperación de esos 18 millones de kilos en los próximos cinco años”.Pese a ese cuadro de escasez, el comercial se mostró optimista sobre la demanda de fondo, dijo que el mercado atraviesa “un cambio genuino en la demanda del consumidor hacia productos que usan lana en los grupos de edad actuales, el consumidor joven, prendas en contacto directo con la piel, ropa deportiva y casual, y sin duda el auge de los tejidos de punto”, en reemplazo de la sastrería y los uniformes militares o ferroviarios chinos que antes impulsaban el mercado. “Sentimos que este nivel de precios es más sostenible a corto plazo. Tenemos mucho optimismo y queremos que continúe”, afirmó.CHINA. Desde China, Lin Lin Guo describió un año difícil para los procesadores intermedios, “el precio de la lana subió muy rápido en los últimos 12 meses y cuesta convencer a los procesadores intermedios de aceptarlo [...] la lana sucia subió casi un 80%, pero a las hilanderías y tejedurías les cuesta absorber ese salto tan abrupto en poco tiempo”. Explicó que, durante los últimos seis meses, muchos peinadores chinos trabajaron al punto de equilibrio o a pérdida, sosteniéndose en las ganancias acumuladas en los dos años previos, por lo que “la pregunta es: ¿cuánto inventario barato queda para seguir amortiguando la cadena hacia abajo? La respuesta es: casi nada; el stock barato en China hoy es bajísimo”.Atribuyó la suba en los valores de la lana a la caída de la oferta y no a la demanda, “como dijo Aaron, la zafra australiana cayó drásticamente y en todo el hemisferio sur -Nueva Zelanda, Sudáfrica, Sudamérica- la cosecha lanera bajó entre un 6% y un 10%. Es una caída enorme [...] ¿La suba de precios la empuja la demanda? No, la empuja una oferta muy corta y ajustada”. Según la especialista, la economía china creció 4,5% en nueve meses pero el IPC solo subió 1,4%, lo que describe a un consumidor cauto que prioriza comida y viajes antes que renovar el placar, y advirtió que “en las últimas dos semanas las subastas en Australia ya empezaron a corregir a la baja al agotarse la lana barata”.Aun así, Lin Lin Guo defendió el rol insustituible de la fibra, “confiamos plenamente en la fibra de lana porque el consumidor no tiene alternativa, es la mejor fibra natural, funcional, sostenible y apta para la piel [...] sirve para las cuatro estaciones, las 24 horas del día”. Además, planteó un límite a la tolerancia de precio, “para que el mercado sea sostenible, toda la cadena debe ganar. Los productores primero, sin ustedes no tenemos nada, seríamos máquinas vacías, los peinadores con un margen razonable, las hilanderías, confeccionistas, marcas y, finalmente, el consumidor. Pero la tolerancia al precio tiene un límite, nadie va a pagar 150 dólares por un suéter de 17,5 micras y aceptar pagar 300 dólares dos años después”.ITALIA. Desde Italia, Giovanni coincidió en que el nivel actual de precios es asimilable por marcas y consumidores, aunque con una salvedad sobre la velocidad del ajuste, “creo que los precios actuales son sostenibles para los clientes y las marcas minoristas. El único inconveniente es que subieron demasiado rápido, en una sola temporada y con un salto muy grande, lo que hace difícil digerirlo todo de golpe. Pero en este nivel, nosotros compramos mucho 19,5 micras, por ejemplo, sí puede ser sostenible”.Germanetti destacó que “además del estilo de lana, que nos gusta por su largo y buena resistencia, Uruguay tiene una ventaja única en el mundo: los productores y la peinaduría están uno al lado del otro. Tienen una cadena de suministro sumamente corta integrada durante 75 años bajo el mismo techo. El mundo hoy premia las cadenas cortas. En Australia hay ovejas pero no hay peinadurías; en China hay peinadurías pero no tienen la producción ovina; y en Italia no tenemos nada en el campo”, graficó.Giovanni Germanetti, de Tollegno 1900, de Italia, dijo que “hace 20 años empezó la exigencia del mulesing-free, luego evolucionó hacia la trazabilidad. En 2016 en Tollegno hicimos un proyecto con una marca estadounidense llamado ‘de la oveja a la tienda’, comprando directo al productor en Tasmania. Luego vino RWS y veremos qué sigue”, aunque advirtió que hubo un crecimiento muy importante en las certificaciones, y “hay que ser cuidadosos y elegir bien cuáles adoptar, porque hoy hay una proliferación excesiva de sellos en el mundo y es muy difícil gestionarlos todos cumpliendo los tiempos de entrega. Concentrarnos en una o dos certificaciones principales cuida nuestro capital de trabajo y asegura las entregas a tiempo”.NORUEGA. La mirada de marca y consumidor final estuvo a cargo de Cathrine Stange, de Devold of Norway, una marca especialista en lana desde 1853 que combina tiendas propias con venta mayorista. Fue quien puso en palabras la clave del nuevo ciclo de demanda con la trazabilidad como un fuerte argumento de venta. “El futuro ya está aquí; de hecho, ya lo hacemos. Poder contar la historia de dónde viene la lana es la clave absoluta. Las certificaciones son importantes y necesarias porque auditan bienestar animal y manejo del suelo, pero no diferencian por sí solas”, dijo, y relató una conversación reciente con compradores norteamericanos, “Tener RWS nos ayuda a vender una campera a 300 dólares en vez de 200”, les decían, “pero el sello en sí no es la razón por la que el cliente elige la prenda. Lo que define la compra es la conexión con el consumidor”.Contó que esa búsqueda nació de visitas a productores de Australia y Nueva Zelanda, donde vio “la pasión de cuatro o cinco generaciones dedicadas a sus animales y sus valores”, y que decidieron contar “quién produce la fibra, en qué estancia, cómo son las ovejas” como prueba de calidad frente a un consumidor que, entre tantas marcas en una tienda, necesita “un factor de diferenciación creíble para que te elijan”.Sobre Uruguay, tras recorrer establecimientos el día previo al panel, dijo que “Uruguay ofrece estabilidad, marco regulatorio serio, excelente logística e industrialización local. El paso clave es involucrar a la nueva generación para contarle al mundo la historia de los productores uruguayos, el cuidado animal, la vida rural y la pasión con la que trabajan”. En este sentido, dijo que “ver el orgullo, la dedicación hacia los animales y el campo me confirmó el enorme potencial de Uruguay”.

  • 2026-10-04T07:00:00

  • rurales.elpais.com.uy