Guillermo Rovira: “Hoy se necesita menos kilos de ternero para hacer un verdeo”
“Nosotros entendemos que es el año para hacer pasturas. Todos los años es importante hacerlas, pero particularmente este 2026, porque se han dado una serie de hechos y de relaciones de precios que hacen que hoy la relación insumo-producto sea la más favorable de la historia”, señaló. En ese sentido, advirtió que el momento actual debe aprovecharse con rapidez, ya que los mercados de insumos comenzaron a mostrar señales de ajuste al alza en sus cotizaciones.Uno de los elementos que, según Rovira, justifican la apuesta por la implantación de pasturas es la excepcional relación entre el costo de los insumos y el valor del ganado. De acuerdo con el profesional, “hoy se da la menor cantidad de kilos de ternero y de kilos de novillo necesarios para hacer un verdeo, una pradera o un mejoramiento de campo. Nunca habíamos necesitado tan pocos kilos para hacer un mejoramiento, y eso es una señal muy fuerte de que hay que hacer pasturas este año”, explicó.Esta relación favorable se explica principalmente por el fuerte incremento en el precio del ganado registrado en el último año, mientras que los insumos agrícolas no han acompañado ese ritmo de aumento. Esa diferencia generó márgenes productivos particularmente atractivos para quienes invierten en producción de forraje. Sin embargo, Rovira también advirtió que el contexto internacional comienza a impactar en los mercados de fertilizantes y que esa situación puede modificar rápidamente esa relación de precios. “El que ya confirmó los insumos hizo el negocio del siglo. Y el que todavía no lo confirmó, debería hacerlo lo antes posible, porque probablemente los precios sigan subiendo”, sostuvo.El técnico mencionó como ejemplo el caso de la urea, que “la semana pasada estábamos hablando de una urea a 580 dólares y ayer ya estaba en 710 dólares, y con todo este asunto de la guerra probablemente siga subiendo”, explicó.Más allá de los costos de implantación, Rovira destacó el enorme potencial productivo que pueden generar los verdeos dentro de los sistemas agrícolas y ganaderos. Según explicó, el aporte económico de estas pasturas puede ser decisivo para mejorar los resultados globales de un establecimiento.“Un verdeo atrás de una soja puede producir 250 kilos de carne en 120 días de pastoreo, con una carga de tres terneros por hectárea y una ganancia diaria de 700 gramos por animal”, detalló. Esa combinación de carga y ganancia implica una producción cercana a 2,1 kilos de carne por hectárea por día, lo que en el período de utilización se traduce en aproximadamente 252 kilos de carne por hectárea.Cuando esos valores se trasladan al plano económico, el resultado adquiere otra dimensión. “Esos 252 kilos de carne, a 4 dólares el kilo del ternero, son más de 1.000 dólares por hectárea, lo que equivale a algo más de 2.500 kilos de soja”, explicó. Frente a estos resultados, Rovira se preguntó: “¿Qué tecnología en soja me asegura producir 2.500 kilos? Ninguna, y ahí es donde aparece la importancia de la ganadería dentro del sistema”, afirmó.En ese sentido, Rovira sostuvo que “la ganadería muchas veces es la que puede sacar de los pelos a una mala cosecha de soja o a un número no muy bueno de trigo, porque aporta ingresos adicionales que ayudan a sostener el resultado global del sistema”, señaló.Para el técnico, el momento actual ofrece condiciones únicas para fortalecer esa integración productiva. “Estamos viviendo momentos muy buenos y tenemos que tratar de aprovecharlos y capitalizarlos, porque nadie sabe cuánto va a durar esta situación”, advirtió.Rovira reconoció que, en muchas zonas del norte del país, los campos presentan una buena oferta forrajera, lo que, según explicó, puede generar la sensación de que no es necesario invertir en pasturas. Sin embargo, el técnico advirtió que esa percepción puede ser engañosa. “Ese pasto que tenemos hoy, después de la primera helada, deja de servir para producir carne, porque pasa a ser un pasto de mantenimiento”, explicó.En este sentido remarcó que “los terneros no adelantan en esa pastura seca y los novillos o las vacas tampoco. En el mejor de los casos se pueden mantener, pero no hay ganancia de peso”. Por ese motivo, Rovira insistió en que las pasturas de invierno cumplen un papel estratégico dentro del sistema productivo. “Lo que precisamos son pasturas de calidad que permitan que los animales adelanten en invierno, porque ahí es donde se generan los kilos que después se transforman en ingresos”, explicó.Para ilustrar el concepto, el técnico utilizó una comparación sencilla. “Ese pasto que está en el campo hoy es como una comida que está en el freezer, el animal la puede comer y se llena, pero la calidad no le alcanza para ganar kilos”, afirmó. En ese contexto, la implantación de verdeos o praderas funciona como una herramienta para asegurar alimentación de calidad durante los meses más críticos del año. “La pastura siempre es necesaria, tenga pasto o no tenga pasto, porque es la que asegura la producción de carne en invierno”, remarcó. Rovira también advirtió sobre el riesgo de postergar las decisiones. “Hoy estamos a tiempo de hacer una pastura, pero dentro de dos meses de repente ya es tarde, y ahí perdemos la oportunidad”, señaló.En cuanto a las especies forrajeras recomendadas para la campaña de pasturas, Rovira indicó que “hoy lo más recomendable son los raigrás de ciclo largo, porque producen más y tienen una vida útil más extensa”. De acuerdo con el profesional, estos materiales ofrecen ventajas productivas claras frente a los cultivares tradicionales, “con un costo similar, puedo tener entre un 15% y un 20% más de producción de forraje, y por lo tanto entre un 15% y un 20% más de producción de carne”, afirmó.Si bien reconoció que la semilla de estos materiales puede tener un costo ligeramente superior, señaló que el resultado final termina siendo más económico debido al mayor volumen de producción que generan. “Al final de la cuenta es mucho más barato usar un raigrás que produce más que uno barato que produce bastante menos”, explicó.El técnico también se refirió a la evolución genética de las especies forrajeras y al cambio gradual que se observa en el mercado. “El raigrás 284 se largó al mercado en 1950 y la avena 1095 A en 1925, y hay que sacarse el sombrero por el mérito que han tenido de mantenerse vigentes durante tantos años”, reconoció. Sin embargo, la investigación ha permitido un “mejoramiento genético, y sin dudas hoy tenemos cultivares que producen más, con mejores rendimientos y mayor estabilidad”, afirmó Rovira.Además, explicó, que este proceso forma parte de una evolución natural dentro de la agricultura a nivel mundial. “Al igual que ocurre con las personas, también hay un recambio generacional en la genética de las forrajeras, y poco a poco esos nuevos materiales van ganando participación en el mercado”, señaló.Para Rovira, el mensaje final que busca transmitir a los productores es simple pero contundente: la combinación actual de precios y tecnología ofrece una oportunidad excepcional para mejorar la productividad del sistema ganadero. “Si no hago nada, igual me va a ir bien con estos precios, pero si hago algo me va a ir mucho mejor”, afirmó.Insistió en que el factor determinante es tomar la decisión a tiempo. “No hay que engañarse con el pasto que tenemos hoy, porque puede ser pan para hoy y hambre para mañana”, advirtió. El desafío es aprovechar el contexto actual antes de que cambie. “Este es un tren que está pasando ahora, y hay que subirse, porque nadie sabe cuánto tiempo va a durar esta situación”, concluyó el ingeniero agrónomo Guillermo Rovira.La genética en pasturas impacta directo en la producciónEl Ing. Agr. Ignacio Quintans, integrante del equipo técnico de Calvase, explicó en la jornada que el desarrollo de nuevas variedades forrajeras y la incorporación de tecnologías aplicadas a la semilla están transformando la forma de producir pasto y carne en los sistemas ganaderos del país.El profesional repasó la evolución que ha tenido el sector, cuando “en la década del 90 y en los años anteriores el énfasis estaba muy enfocado en el mejoramiento de pasturas para la ganadería, pero en los últimos años se ha trabajado mucho en el mejoramiento genético de las forrajeras y en el desarrollo de tratamientos de semilla, lo que permite mejorar el desempeño productivo de los sistemas”, señaló el profesional.Reconoció que “muchas veces se discute si un material es más caro que otro, especialmente cuando se lo compara con cultivares muy antiguos”, sin embargo, afirmó que “cuando uno analiza cuánto producen realmente los materiales modernos, la discusión desaparece, porque la nueva genética impacta directamente en la producción”.Entre los cultivares presentados durante la jornada, el ingeniero Ignacio Quintans hizo referencia a la avena F1340, conocida como la avena ucraniana, que “en las evaluaciones nacionales de cultivares de los últimos tres o cuatro años, es la avena líder del mercado, tanto desde el punto de vista productivo como sanitario”. La sanidad, explicó, es sumamente relavante a la hora del elegir un cultivo porque “cuando un material es más sano, el animal lo selecciona más y eso repercute en la calidad de la pastura, lo que finalmente mejora la producción de carne”.Dentro de la oferta genética también se destacan diferentes materiales de raigrás, una de las especies más utilizadas en los sistemas ganaderos. Quintans mencionó que “uno de los materiales que más ha crecido es Jumbo, que los productores destacan por su producción invernal, su vigor y su adaptación a las siembras tempranas”.La achicoria también forma parte de la estrategia forrajera en algunos sistemas productivos, especialmente en esquemas de invernada de ganados.Además, Quintans destacó el papel creciente de las tecnologías aplicadas al tratamiento de semillas, que permiten mejorar el establecimiento de los cultivos y aumentar la eficiencia desde las primeras etapas.
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